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IV
…somos desolación o cruel recuerdo,
Vacío que no encuentra mar ni forma,
Rumor desvanecido en un duro lamento de ataúdes.
Alí Chumacera
Los rostros evaporan sus guijarros,
Mínimas losas sosteniendo los muros de la Patria,
Gorros pasamontañas sobre la cara de lobos
Mordiendo al galope con su aterrador aliento
De tormenta y peñasco.
Cráteres de saliva disparando meteoritos,
Quejas a mansalva ilustrando fantasmas,
Hacinamiento de orina en las esquinas,
Retretes suicidas como parte del paisaje urbano.
Esto es lo que tenemos cuando la catástrofe
Nos inunda:
Muertes de película y lúcidos asesinos en serie,
Violines de llanto con lengua ensordecida,
Zapatos petrificados bajo los dedos de la sangre,
Escupidas de pólvora o elásticos cuchillos
Con lengua carnívora,
Ojos tardíos corriendo tras las nubes,
Tumbas irreales donde la milpa roe los huesos
De los cuerpos devorados,
Noches más cercanas a la lechería de los cementerios,
Niñas pasmosas mostrando su sexo podrido,
Madres arrancando sus senos de la escoria
Y envolviendo su reino con el lenguaje de las invocaciones.
Bajo esta fatalidad crecemos: la ceniza preña
Los vientres
Y alarga sus uñas de ráfaga oscura.
Bajo los ojos inermes del poder,
Los crímenes con tatuajes, los impuestos de guerra
Soplan su culata demente.
Nadie hace nada. Se muere como perro callejero.
Los llamados a la no violencia no dejan de ser
Un mero cliché,
Pues la muerte nos azota como lluvia torrencial
Arrancando el asfalto y bañando el rostro
Con fósiles anónimos…
©André Cruchaga
Barataria, 27.08 de 2006
Del libro: Caminos cerrados.
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